“Encontré a la Lucía como ida… no comía”

“Encontré a la Lucía como ida… no comía”

Diariamente, desde una celda, en la revisión matutina, Lizbeth María Pérez Sánchez repitió lo mismo por más de decenas de días: “Soy la reo AJ 745, tengo 10 días… 20 días… 30 días… tengo 40 días (en prisión) y no sé nada de mi situación legal”. Esta nicaragüense fue presa política de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. 

Estuvo 58 días en prisión, hasta su liberación el pasado primero de marzo, y nunca supo por qué la detuvieron. No la llevaron a los Juzgados ni le mostraron una acusación.

En la vieja cárcel de El Chipote, Lizbeth Pérez compartió celda con la periodista Lucía Pineda Ubau, jefa de prensa de 100% Noticias, detenida ilegalmente el 21 de diciembre de 2018, y se convirtió en testigo del maltrato que la comunicadora sufrió en las celdas de esa prisión, que antes ya usó la dictadura somocista como un centro de tortura.

“En una señal de protesta, todos los días a la hora de la requisa, yo decía: soy la reo AJ 745. Oficial de guardia permiso para hablar”, comenta Pérez. “Entonces ya tenía hastiados y cansados a todos los oficiales de guardia, que cambiaban turno cada 48 horas, y siempre respondían: ‘En la requisa de la noche se le va a informar o su caso está en proceso de investigación’”. Nunca lo hicieron.

Pérez habló con CONFIDENCIAL en su casa de habitación, en Managua, que ha sido allanada ilegalmente por la Policía Nacional en dos ocasiones en menos de tres meses. “La Policía actúa sobre denuncias falsas, no investiga, gasta medios”, reclama.

Pérez es exguerrillera y veterana de guerra y asegura que ha tenido ofrecimientos para irse a Canadá y España, pero afirma: “Por qué me voy a ir de mi país. Si esta es mi casa, mi nación, aquí nací, acá están mis muertos” y detalla los maltratos que presenció contra Pineda, y cómo la observó afectada.

Lizbeth Pérez estuvo 58 días en las celdas del viejo y nuevo Chipote. // Foto: Carlos Herrera

¿Cómo fue tu detención y por qué te llevan a la cárcel?

Entraron y me dijeron que traían una orden de allanamiento, me la pusieron en la mesa, pero no me dejaron ni leerla. Me hicieron creer que venían porque tengo armas en la casa, porque he traspasado armas, que acá (en su vivienda) se hacían bombas y morteros. Como que acá era un taller de armamento. Es totalmente falso.

No llegaron con violencia, vinieron alrededor de unos 25 oficiales dentro de la casa. A mis hijos los vigilaba un oficial para que no manipularan los teléfonos celulares.

Requisaron toda la casa, no hallaron nada. El oficial llamó al Chipote y le dijo al capitán que no había nada, pero este le dijo que me llevara.

¿Qué te dijo el oficial?

Me pidió que firmara la orden y que los acompañara. Pero el 28 de noviembre, la Policía llegó a mi casa y se llevó a mis dos hijos y unos amigos que estaban en la casa.

La Policía actúa sobre denuncias falsas, no investiga, gastando medios, porque ese día eran como seis patrullas, con perros, detectores de metal y motorizados.

¿Qué te dijeron sobre tu caso?

Empecé a reclamar porque después de siete días no había visto al investigador que lleva mi caso. Yo miraba que todos los días y a todas horas, esos portones se abrían, sacando a la gente para investigarlos.

Los investigadores sabían la denuncia que había, quiénes eran los que te denunciaron. Los que te interrogaban querían para saber la verdad. Te dicen: “Habla, sálvate, confesá, ayudá que nos están matando”. Primero con buenas actitudes, brindándote confianza, después al ver que no decías nada, te afirman que vas a querer por las malas: “Te va a ir mal, vendrá otro peor que yo”. Son presiones psicológicas.

No habías terminado de llegar a la celda, y otra vez te volvían a sacar. Ese era el pan nuestro de cada día en El Chipote. Pero a mí solo dos veces me sacaron y nunca más volví a ver la cara al investigador.

Ahí no es miedo a lo físico, a lo que le tenemos, es la incertidumbre de no saber qué va a pasarte, a dónde te van a llevar. Si nos mataran fuera lo mejor, de un solo ya sabés. ‘Bum bum’ y se acabó. Pero no sabemos, cada vez que se abre esa puerta, la gente tiembla de miedo, ahí la gente llora por la incertidumbre.

Lizbeth Pérez junto a Lucía Pineda, en una captura de pantalla del video filmado por los eurodiputados en una visita a El Chipote. // Foto: Reproducción

En una celda de El Chipote coincidiste con la periodista Lucía Pineda Ubau, detenida casi un mes después que vos, ¿cómo la encontraste?

Para comenzar era una celda muy pequeña, muy reducida, había una plancha de concreto abajo, una arriba y otra en medio, casi frente a la puerta. No se podía caminar, si caminaba una, no caminaba la otra.

Encontré a la Lucía sentada en la plancha, como ida. Ella no contestaba, estaba metida en sí misma, como en una concha metida, no hablaba, no sonreía, no decía nada.

Cuando reaccionó Lucía dijo: “No usen el baño, porque está taqueado”. Al fondo, en el baño, vimos un poco de bolsitas con excremento. La mujer hacía sus necesidades, las metía en bolsitas que le pasaban ellos mismos (custodios de El Chipote). Cada tres o cuatro día las sacaban. En esas condiciones pasó Lucía más de 30 días en solitario.

Luego trasladaron a Lucía a la cárcel La Esperanza, ¿cómo la viste la última vez?

Unos días antes que se la llevaran, empezamos a notar que ella ya no comía. Los últimos días dejó de comer. Empezó a decir que le dolía la cabeza, los hombros, la espalda baja. Ya los estragos físicos empezaron a notarse en ella, de dormir en las planchas (de concreto) o en el piso.

Lucía no comía sino olía las cosas, porque en el solitario le dieron una comida que olía algo raro y la dejó desmayada por 24 horas, desde entonces olía las comidas.

En un trozo de poroplast, Lizbeth Pérez anotó los nombres de sus compañeras de celda: Maribel, Diana, Heydi, Lucía. // Foto: Carlos Herrera

Durante tu estadía llegaron unos organismos internacionales, ¿qué pasó?

Cuando nosotros vemos que están limpiando el penal a toda carrera, nosotros decimos: “Algo viene, algo va a pasar, acá viene alguien para adentro”.

Al día siguiente que están limpiando el penal, a las seis de la mañana sin requisa y sin bañarnos, nos sacaron y nos montaron en un bus, y nos llevaron a esconder a la estación del Mercado Oriental, en un corralón con mallas.

Nos trajeron a las ocho de la noche y los demás reos nos dijeron que hubo visita. Que eran unos cheles, unos suizos.

¿Pero pudieron hablar con la Cruz Roja?

Al día siguiente, nos sacaron para entrevistarnos con funcionarios del Comité Internacional de la Cruz Roja.

Una funcionaria de la de Cruz Roja me dijo que ellos pidieron ver la celda donde estaba Lucía, pero que ayer fueron y que les indicaron que todos andaban en los Juzgados. Todos estábamos en juicio, los que ellos querían ver, entonces les dije que no era cierto.

¿Y la visita de los eurodiputados?

Con la visita de los eurodiputados, no nos avisaron. El mismo día, nos tiraron los uniformes a la celda y nos pidieron que nos los pusiéramos.

Nos asombramos al verlos. Lucía que conocía a muchos de ellos. Se abrazaron. Fueron increíbles, lloraron con nosotros, emocionados con todo lo que les decíamos, las vivencias.

Conocí a Javier Nart. Me pidió una entrevista. Que contara mi opinión como veterana de guerra y como miembro del Frente Sandinista. Que opinión tenía acerca de lo que estaba haciendo Daniel. No podemos pensar que este Gobierno sea de izquierda o revolucionario, esto es una dictadura.

¿Tuvieron alguna represalia después de esas visitas?

No nos dijeron nada, no hubo represalias, no se aparecieron por días los oficiales.

Hay oficiales que están hartos de estar ahí, hay oficiales que no están de acuerdo con lo que está sucediendo en el país, pero son oficiales, como dicen ellos, que es su trabajo, que no tienen cómo darle de comer a sus hijos. Que no han matado a nadie, que no han torturado a nadie, pero ya quieren que esto termine, están cansados y este hombre (Daniel Ortega) no quiere ceder.

Hay muchos oficiales que no están de acuerdo con esta situación y que se quieren ir, pero saben que no pueden renunciar, porque si lo hacen ponen en riesgo sus vidas y la de su familia.

¿Pensás irte del país?

Por qué me voy a ir de mi país. Si esta es mi casa, mi nación, aquí nací, acá están mis muertos, mi familia muerta. Aquí tengo a mis amigos, mis hermanos de lucha. Fui guerrillera del Frente Sandinista del 76 al 80, soy fundadora del Ejército, veterana de guerra, tengo a todos mis amigos y mi vida aquí, porque me voy a ir.

Luchar por la patria y pensar diferente no es un delito, por qué tienen que cazarnos como animales solo porque no pensamos como ellos. Tienen que respetar la voluntad del pueblo. Esto ya se pasó y tiene que cambiar.

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