Nicaragua: El riesgo de fumigar al chikunguña

El ruido ensordecedor de los ocho motores de fumigación activaron a los habitantes del barrio René Cisneros, en Managua. Mujeres, hombres y niños salieron de sus casas cargando perros, gatos y chocoyos para que los jóvenes que portaban los aparatos rociaran de veneno sus viviendas para erradicar el mosquito Aedes aegypti, que contagia el virus del chikunguña y dengue.

El humo blanco se escapaba por las puertas y ventanas hasta tragarse por completo las casas y el barrio. En medio de la nebulosa, los fumigadores trabajan sin descanso y sin máscaras de protección para filtrar el aire impregnado de veneno y gasolina.

Fredman Ramos, el más joven de los fumigadores de la cuadrilla, acelera la máquina apuntando la boquilla en la intimidad de las casas del barrio. “Cuando me quedo encerrado en los cuartos la máscara te protege en la respiración. Sin máscara te da gripe”, dice el escuálido muchacho, mientras mueve el hombro derecho para acomodarse la correa de la que sostiene el ruidoso motor.

El Ministerio de Salud (MINSA) no le dio mascarilla de protección a Ramos. Él apenas fue contratado hace unas semanas para suplir la demanda de fumigadores que tienen las autoridades de salud ante el rebrote del chikunguña, ese virus descubierto hace 60 años en Tanzania, y que desde junio de 2014 fue detectado en Nicaragua y la región latinoamericana.

La primera dama Rosario Murillo dijo en sus alocuciones diarias a través los medios de comunicación oficialistas que el MINSA reporta 2 mil 700 casos positivos de chikunguña en este rebrote, sumando alrededor de cinco mil casos totales desde el año pasado. Aunque la situación es grave, Murillo no la describe como una epidemia, lo que, a juicio del ex director de Epidemiología del MINSA, el doctor Leonel Argüello, sí lo es.

Quizás le interese leer..   Nicaragua: Jueza halla culpable a maestra del preescolar

Murillo informó que “redoblaron” las visitas casa a casa (200 mil visitadas), la destrucción de criaderos de mosquitos (113 mil) y las labores de fumigación. “En las últimas 24 horas hemos fumigado 71 mil 941 viviendas, para un acumulado de 222 mil 188”, dijo la vocera del comandante Daniel Ortega el pasado jueves.

La carrera contra el mosquito obligó al MINSA a contratar a más trabajadores para realizar las jornadas de fumigación. Sin embargo, proporcionarle todos los recursos adecuados a los trabajadores para fumigar no ha podido ser cumplidos por las autoridades sanitarias. “El Ministerio dice como que en el momento no hay (mascarillas), entonces salimos así”, afirmó el fumigador César Pérez.

La cuadrilla de Pérez –como todas– está conformada por ocho hombres, que deben fumigar alrededor de unas 850 casas por barrios al día, 100 por cada uno, explica Alejandro Peña, jefe de la cuadrilla que laboraba en el René Cisneros.

Un joven contratado por el MINSA fumiga un barrio de Managua sin llevar protección contra el veneno. Carlos Herrera | Confidencial.

Una destartalada camioneta del Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor) persigue a la cuadrilla de Pérez por las estrechas calles del barrio. En ella cargan el veneno y la gasolina para alimentar a las máquinas. En el vehículo los trabajadores no llevan más que botellas de agua para saciar la sed. Los fumigadores van vestidos en camisetas y bluyines sin ningún traje especial para que el veneno tocara su piel.

“Al comienzo me daba picazón, ardor en la cara, pero conforme va pasando el tiempo te vas acostumbrando”, dice Ricardo Cárdenas, otro de los jóvenes fumigadores. O cuando por ejemplo sos alérgico, “desde el inicio te afecta. Pero ya después se adapta el cuerpo”, dice otro de los trabajadores, contratados por el MINSA de forma informal, según ellos.

Quizás le interese leer..   Nicaragua: Matrícula escolar 2016 se realizará entre noviembre y diciembre de este año

Ante el rebrote del virus, todos estos jóvenes desempleados se amontonaron en los portones del MINSA donde fueron escogidos para fumigar. Luis Alfredo Zapata fue uno de los seleccionados para el trabajo: le enseñaron a usar la máquina para trabajar de lunes a sábado con una remuneración de 135 córdobas el día.

“Solo me metieron, me enseñaron en un día, pero la máscara uno la tiene que conseguir dicen en el MINSA”, dice Ramos, quien ahora reposa bajo la sombra de un chilamate, aprovechando el descanso propiciado por relleno de veneno y combustible a la máquina.

“Tanto el MINSA como el MITRAB deben proteger la salud de sus trabajadores permanentes y temporales”, asegura el doctor Argüello. Según el exdirector de Epidemiología del MINSA, cualquier fumigación exige medios de protección: como camisas mangas largas, guantes, máscaras según el tipo de veneno.

“Gorros, anteojos protectores y bañarse inmediatamente después que terminen la jornada para evitar que el veneno les quede en alguna parte del cuerpo”, agrega Argüello, también presidente de la Sociedad Nicaragüense de Medicina General.

Argüello sostiene que no existe un veneno que no sea tóxico ni inocuo. Para él, si hay trabajadores sin los medios de protección, el MINSA debe realizarles análisis de sangre para ver cómo está su nivel de intoxicación y tomar otras medidas. “Debe limitarse el número de exposiciones, rotar el personal para retirarlo del veneno entre otras, así como tener supervisores que exijan los instrumentos de protección que no son cómodos y el personal intenta no utilizarlos. Debe educársele también sobre el tipo de veneno y alertarlo sobre síntomas tempranos de intoxicación”, expone.

Quizás le interese leer..   El Matagalpino Byron Rojas: “Garibaldi si me sacó todo el jugo”

El fumigador Zapata reconoció que a veces el MINSA sí da mascarillas a quienes son contratados para la ocasión, pero a veces no los usan porque son incomodas. No obstante, Peña, el jefe de brigada del barrio René Cisneros, dice que el MINSA proporciona todo el equipamento, pero “a unos se les ha deteriorado, a otros se les olvida, pero sí se le da su protección”.

La ministra de salud, la doctora Sonia Castro, no contestó las llamadas que le hicimos para conocer su versión al respecto. En el barrio 380 (también en Managua), el jefe de brigada habló sobre el trabajo que realizan, pero al ser consultado sobre las mascarillas se puso nervioso.

– ¿Está dando mascarillas el MINSA?

–  Eso sería todo – respondió el hombre, quien se alejó rápidamente.

Nemesio Gutiérrez, habitante barrio René Cisneros, agradece la fumigación, pero se queja que desde hace semanas le ha dicho al secretario político del barrio y al representante de la Alcaldía de Managua que hay una gran charco detrás de las casas que provoca la proliferación de zancudos.

“Hoy fumigan y al siguiente día está el zancudero (…) ellos se echan el clavo el uno al otro y no reparan, pero de esa charca salen zancuderos en la noche. Aquí uno se enferma mucho”, se queja Gutiérrez.

El doctor Argüello aseguró que “la fumigación es solo uno de los elementos de control y es insuficiente por sí sola”. Para el epidemiólogo que insiste en la prevención, si das una alerta sanitaria es porque la enfermedad se sale del control, “y tenés que tomar otras medidas o potenciar las actuales”.

FUENTE: http://www.confidencial.com.ni/articulo/22751/el-riesgo-de-fumigar-al-chikunguna#sthash.zWJO4jCN.dpuf

Dejanos tu Facebook Comentario..

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *