Rosario Murillo incita al odio contra manifestantes en su trillado discurso a diario

La primera dama, vocera y vicepresidenta designada, Rosario Murillo, sigue agregando diminutivos a su repertorio de descalificaciones contra las protestas ciudadanas que demandan la salida de su esposo Daniel Ortega del poder desde abril pasado.

Esta semana la poderosa funcionaria agregó a su vocabulario un nuevo término usado contra los “ricos”, que, según ella, hacen “intentos clasistas” contra el desarrollo de los pobres, a quienes el gobierno dice representar y proteger, aunque sus opositores le señalen lo contrario.

Ahora son “un puchito”

El miércoles que se realizó la marcha para demandar la liberación de los presos políticos, Murillo dijo que eran “un puchito” de golpistas, terroristas y criminales, como suele llamar a los ciudadanos autoconvocados que protestan contra su esposo y ella.

“¡Cuánto tóxico debe haber en esas almas! ¡Cuánto odio, cuánto veneno en esos puchitos que quedan por ahí!, que quieren ver a nuestro pueblo infeliz; porque ese es el propósito: vernos infelices. Por eso destruyeron, por eso se empeñan en seguir alejando inversiones, en seguir alejando turismo; se empeñan en ver a las familias nicaragüenses infelices”, manifestó Murillo.

En el discurso oficial, la crisis la atribuyen a un intento de golpe de Estado, cuando organismos nacionales e internacionales de derechos humanos han documentado que se origina en la represión del Estado a las manifestaciones pacíficas, lo que habría dejado entre317 y 448 muertos.

La madre de las marchas

El pasado 30 de mayo, por ejemplo, los autoconvocados se congregaron en el centro de Managua para marchar contra Ortega y pedir justicia por los jóvenes que habían sido asesinados en las protestas hasta esa fecha.

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Esa manifestación, considerada una de las más numerosas, fue atacada por policías y simpatizantes de Ortega, quienes dispararon contra familias, niños y jóvenes, resultando 18 víctimas mortales que confirmó la misma Policía Nacional.

Pese a las evidencias de estos ataques en los que se muestra la complicidad de oficiales con paramilitares, el gobierno no reconoce que hayan perpetrado ninguna masacre. Solo admiten 197 muertos y atribuyen la crisis al vandalismo y terrorismo de los manifestantes

¿Intento clasistas?

Este jueves, Murillo manifestó que quienes querían derrocar a su esposo, intentaban afectar los programas que apuntan a fortalecer la lucha contra la pobreza, lo que llamó un “intento clasista”.

“No hemos visto destrucción de ninguna entidad propiedad de ricos, lo que hemos visto es destrucción de los programas y de las entidades y de las instituciones que trabajan en la lucha contra la pobreza. Por eso decimos que no tiene perdón de Dios ir contra los pobres, lanzarse contra los pobres”, dijo Murillo en su comunicación del mediodía.

Ruptura del modelo de alianza y consenso

Este discurso de Murillo llega en momento después de la ruptura de la relación entre el gobierno de Ortega y la empresa privada.

Desde 2009, Ortega mantuvo una alianza con los empresarios, denominada “modelo de diálogo y consenso”, que se rompió cuando el Ejecutivo tomó la decisión unilateral de reformar el Seguro Social.

Desde que comenzó la crisis, los empresarios se distanciaron del gobierno de Ortega, ahora demandan elecciones adelantadas y participan en las protestas en las calles y exigen su salida del poder.

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“Ha sido un golpe, un intento clasista dirigido contra los programas que apuntan a fortalecer la lucha contra la pobreza”, insistió Murillo el jueves siempre refiriéndose a las protestas.

Aunque la primera dama habla de la defensa de los más pobres, este lunes se aprobó una reforma presupuestaria que afecta los sectores más sensibles, salud y educación y beneficia a las instituciones, adonde algunos de sus familiares tienen intereses directos.

La vicepresidenta, además de ser quien todos los días funge como vocera del gobierno, coordina los ministerios, alcaldías sandinistas y consejos del poder ciudadano (CPC), los órganos de control civil en todos los barrios del país.

“Vampiros” y “lenguas afiladas”

Rosario Murillo también llama a los autoconvocados minúsculos, pocos, unos cuantos, “vampiros que reclaman sangre”, “lenguas afiladas”, “almas mezquinas”, “seres mediocres”, entre otros descalificados que cada día va aumentando.

Para Murillo, las personas que critican el gobierno de su esposo son vandálicos, delincuentes, terroristas, narcotraficantes. La Policía los persigue y el sistema judicial los procesa como eso, aunque no tenga pruebas en su contra.

La comunidad internacional, la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Europea, las organizaciones de defensa de derechos humanos han condenado la violencia gubernamental contra el pueblo de Nicaragua, pero Murillo y su esposo los califican de injerencistas y de estar malinformados por los medios de comunicación “mentirosos”.

La Prensa

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