La caravana que recorre Europa denunciando la masacre en Nicaragua

Yerling Aguilera, Jessica Cisneros y Madelaine Caracas han denunciado en estos últimos tres meses en Europa al Gobierno de Daniel Ortega, cuya represión ha dejado en Nicaragua al menos 300 personas asesinadas, según organismos de derechos humanos. Las tres jóvenes nicaragüenses tienen la intención de “informar” a la diáspora y entablar reuniones con políticos de izquierda, pues cuentan que esta es una trinchera necesaria en la que se debe “batallar al orteguismo”.

La Caravana de Solidaridad Internacional con Nicaragua ha sido recibida por la alcaldesa de Barcelona Ada Colau y otros parlamentarios de la Unión Europea. También han conversado con agrupaciones como Podemos, un movimiento de izquierda progresista en España, que ha condenado los actos represivos del Gobierno de Ortega. Ahora que los ataques y la persecución contra manifestantes ha aumentado de tono, muchos nicaragüenses ven en la presión internacional una vía de escape a la crisis que vive el país.

Yerling Aguilera, una de las tres jóvenes de la Caravana de Solidaridad Internacional por Nicaragua | Cortesía.

Yerling Aguilera, una socióloga que forma parte de la también conocida como “caravana informativa”, cuenta en esta entrevista cómo nació la iniciativa, cuáles han sido los principales retos, cómo se sostienen económicamente y por qué en su agenda han priorizado a los grupos de izquierda europeos más que a otros.

Yerling, ¿cómo nace la Caravana de Solidaridad Internacional con Nicaragua?

La caravana tiene la misma naturaleza que las movilizaciones de Nicaragua, porque es autoconvocada y autogestionada. Sentimos que a nivel internacional fluía muy poca información sobre la situación en Nicaragua y que la poca información que había era polarizada y estaba muy sesgada, que podría reforzar esta teoría de la conspiración política y que en Nicaragua había un golpe de Estado.

Creemos también que hay una trinchera sobre la cual darle batalla al orteguismo y es la trinchera de la izquierda, es decir, rebatir el discurso de Ortega desde la izquierda.

Se le empezó a escribir a gente de los comités autoconvocados en algunas ciudades de Europa y se logró conectar con tres ciudades puntualmente. La gente se comprometió a movernos a nosotras, a alojarnos en sus casas y logramos gestionar también los boletos.

¿Cómo fue que coincidieron Madelaine, Jessica y vos para ser parte de esta caravana, hubo un proceso de selección?

La dinámica de elección fue dado el sentido de urgencia y al espíritu autoconvocado y autogestionado, que no representábamos a ninguna institución en particular. La selección fue bastante práctica. Se pensó en una persona que representara la voz estudiantil, que en este caso es Madelaine; en una persona que estuviera vinculada en procesos de trabajo con jóvenes, Jessica; y luego a alguien que tuviera una postura un poco más desde la izquierda crítica y me hicieron la invitación a mí. La invitación fue directa, se nos dijo que aún había un proceso para recoger fondos y eso estaba supeditado a la capacidad de movilización de respaldo. Fue un proceso muy espontáneo.

Cuando mencionás que les llegó una invitación, te referís a que vino de una organización de dónde vino…

No. Me refiero a los compañeros (activistas nicaragüenses ahora pertenecen a la Articulación de Movimientos Sociales) que habían establecido más que nada el contacto desde Europa, pero nosotros como tal no tendríamos ese vínculo con ninguna institución y no responderíamos a ningún lineamiento institucional.

¿Cómo se ha regido la agenda de ustedes en Europa? Hemos visto que han visitado a políticos de izquierda, han hecho ponencias en universidades…

La agenda se construye a través de los comités que están organizados en cada ciudad y también del equipo de universitarios que está en Nicaragua, que fue quien hizo los contactos iniciales para que nosotras nos movilizáramos. Hay dinámicas que son en función a las ciudades y también a la capacidad que tenga el grupo autoconvocado en esos puntos. Hay ciudades donde la agenda está centrada a medios de comunicación, porque los grupos autoconvocados tienen más vínculos con ellos. Hay ciudades donde el énfasis recae más con sesiones informativas, eventos públicos, porque son grupos más amplios. Y otras donde están enfocados más con instituciones de derechos humanos, el parlamento o grupos políticos.

¿Cómo se ha sostenido la Caravana en estos meses?

Nosotras a la ciudad que vamos generalmente somos acogidas por familias. Para nosotras eso es muy bonito, porque observamos también el trabajo de las personas desde la diáspora nicaragüense. Hay gente que nos acoge y vive en condiciones limitadas y nosotras valoramos mucho todo ese acompañamiento que ha habido desde las comunidades de nicaragüenses autoconvocados de aquí en Europa. Hay una violencia política contra estas personas (los nicaragüenses en el extranjero), porque las estás cercando a que no regresen a su país porque está destruido.

Yerling Aguilera en una entrevista con un medio local. Parte de los objetivos de la Caravana es informar la situación que atraviesa Nicaragua. Foto: Cortesía.

Pero, en términos económicos ¿cómo se ha sostenido?

Se ha sostenido por diferentes vías. Muchas veces las comunidades de los autoconvocados realizan actividades como ventas de comida, hacen eventos culturales que recogen dinero y con eso nos pagan la movilización interna, gastos de trenes, taxis. Ha habido gente de la solidaridad europea que nos ha acogido y nos ha financiado la comida y alojarnos en sus casas.

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Es decir, a punta de cooperación…

Sí. Muchas veces al alojarnos en casas, ellos nos dan la comida y a veces nos acompañan hacia el metro o caminamos. Eso ha sido lo que ha sostenido la Caravana.

¿Cómo ha sido el recibimiento de ustedes en Europa, y cómo han reaccionado los movimientos de izquierda a los que han visitado?

Las reacciones han sido diversas. Los partidos tradicionales que hay en Europa, como el Partido Comunista, respalda esa teoría de la conspiración política y de decir que en Nicaragua las movilizaciones están alentadas por una agenda externa. Pero hay otra parte de la gente que ha estado vinculada con Nicaragua desde los años 70, que tienen un distanciamiento muy claro del orteguismo, de este viraje dictatorial que tuvo y desde hace años ellos ya venían percibiendo que el orteguismo no representaba los valores del sandinismo. Mucha de esa gente vivía en Nicaragua pero retornó porque sentían que ya no estaban aportando a la construcción de un proyecto progresista y crítico.

Las posturas que apoyan a Daniel Ortega desde la izquierda cada vez son menos, porque se va ampliando esa información. Prueba de ello es que partidos de signos más progresistas han tomado una postura que condena al Gobierno de Daniel Ortega, como Podemos en España, con los cuales tuvimos encuentros. La gente que apoya a Daniel Ortega es gente que, generalmente, conoce poco todas las mutaciones que tuvo el FSLN. En términos de información no conocen a profundidad toda esa dinámica.

Nosotras hemos percibido que se va reduciendo esa simpatía hacia Ortega desde la izquierda. Cada vez hay más cuestionamientos y eso ha sido gracias a la ampliación de esa información.

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¿Por qué llegar, o intentar llegarles, a los movimientos de izquierda europeos?

En primer lugar, conocemos la vinculación histórica que hay entre los movimientos de izquierda de varias ciudades de Europa con el Gobierno de Nicaragua, alentados por este antecedente histórico que es la revolución (sandinista), también en la cooperación y los hermanamientos mismos que todavía están activos en Nicaragua.

Segundo porque nosotras sentíamos que es una cuestión moral —el hecho de que no es posible que la izquierda que ha abanderado valores de justicia, pero que también se ha situado en términos históricos al lado de los grupos que han sido excluidos—, que no era posible que se estuviera dando este respaldo a un Gobierno que no responde a estos valores.

La proyección que tiene Daniel Ortega hacia fuera es como un Gobierno de izquierda y eso se puede debatir a partir de esas desviaciones ideológicas que ha tenido. Sentimos que era necesario llegar hasta ahí, hacia esas voces y a esos grupos que han estado vinculados con Nicaragua.

En el discurso oficial de Daniel Ortega a ustedes las tachan de golpistas, ¿internacionalmente se han topado con esta misma postura?

Sí. Esa retórica de adjudicarnos a una agenda golpista o de financiamiento externo impulsada por los Estados Unidos ha sido prácticamente el descalificativo que han desplegado estos grupos que apoyan a Daniel Ortega para tratar de deslegitimarnos. La gente no tiene argumentos para contradecir lo que está pasando en Nicaragua, entonces a falta de argumentos se tiende a descalificar a las personas, pero no las ideas, porque en el campo de las ideas tenemos avanzada, porque conocemos cómo ha estado trabajando el Gobierno de Daniel Ortega y conocemos cómo han sido sus mutaciones. Cuando no podés ganar en el campo de las ideas, buscás descalificar a las personas.

Lo que esta gente hace es un reapropiación del discurso gubernamental, que es un discurso que está completamente vacío. Nosotras hemos sido bien claras con eso y en ciertos escenarios hay gente que hasta nos ha pedido disculpas, porque no ven en nosotras una vinculación con una agenda de los Estados Unidos. Hemos sido enfáticas, no somos parte de una agenda de la empresa privada ni de una agenda externa de desestabilización.

En todas estas semanas que ustedes han estado en Europa, ¿cuáles han sido los mayores retos a los que se han enfrentado?

Yo creo que como grupo, porque somos mujeres y porque somos jóvenes, el reto más grande es el sentido paternalista y colonialista que muchas veces hay entre algunas personas que sienten que son ellos los que nos tienen que decir qué hacer, qué ideas se tienen que llevar a Nicaragua, cómo se debe de encaminar la construcción de Nicaragua. Dialogar con esas posturas es un poco complejo porque siento que nos perciben como incapaces de realmente poder encaminar un proceso político.

El otro reto es que hay posiciones esquemáticas donde te piden un programa de transición para todas las esferas, lo cual es imposible por la dinámica de movilización y de urgencia que hay, pues ahorita la gente está priorizando salvaguardar su vida.

Los nicaragüenses han expresado la posibilidad de agotar la vía de la presión internacional, debido a que la represión en las calles ha aumentado. ¿Cómo se puede agotar eso?

Hay una percepción de que la gente se siente en estado de abandono, debido a que muchos de los procesos internacionales son por la vía diplomática y llevan mucho tiempo. Nosotras estamos conscientes de eso y también de que es necesario hacer este trabajo. Muchos de los resultados quizá los vamos a ver por partes.

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Cuando hablamos de presión internacional no solo hablamos de los grupos a nivel parlamentario. Nosotras apostamos también a crear una red de cara a la reconstrucción de Nicaragua cuando Daniel se vaya. Desde aquí hemos impulsado la formación de un canal humanitario que pueda darle apoyo y darle fuerzas no solo en el sentido moral, también material, a la lucha nicaragüense. Por eso es muy importante todas estas redes de comunicación y de asesoría a nivel de derechos humanos.

Cuando se habla de solidaridad internacional siempre se tiene la imagen de estas instituciones como la ONU, la OEA, pero nosotros apostamos a un trabajo de articulación que pueda ser una base para la ayuda humanitaria y la reconstrucción de Nicaragua.

También hay un debate que gira entorno a exigir a ciertos actores acciones contundentes, y no solo pronunciamientos.

Sí. Nosotras también hemos tenido esa percepción de que se necesita más contundencia de algunas instituciones en el sentido de tener condenas más enérgicas. Quizá para nosotras y para los que están en el día a día exponiendo el pellejo, muchas veces un pronunciamiento no te va a salvar la vida, pero estos son parte de las etapas de las cuales se puedan ir movilizando procesos combinados entre presión interna y externa.

La presión internacional por sí sola no va a hacer mucho, de eso estamos bien claras. Creemos que hay que abrir varios frentes de lucha, sobre todo en la cuestión de la comunidad internacional. No somos expertas en la vía diplomática, pero a partir de reconocer estas debilidades nosotras hemos ido reforzando estos frentes de apoyo para la movilización del pueblo nicaragüense.

En estos tres meses, ¿cuáles han sido los mayores logros que han alcanzado?

Uno de los más palpables ha sido la información, lo de asaltar los medios de comunicación. Cuando venimos a Europa había poca información y sentimos que se ha abierto un canal de debate más amplio y reflexivo a partir del contacto que con algunos movimientos sociales, como movimientos feministas, ecologistas y de izquierda. Es un logro que se empiece a movilizar más información de lo que sucede en Nicaragua. Lo segundo es el hecho de dirigir esta ayuda a nivel humanitario con algunos grupos que han tenido solidaridad histórica con Nicaragua y no tenían muy claro lo que pasaba en el país. El tercer logro es que se han abierto canales políticos a niveles parlamentarios que han presentado posturas con respecto a Nicaragua.

En Nicaragua se aprobó y ya pasó por la Asamblea Nacional una ley que ellos llaman antiterrorista. Diversos organismos de derechos humanos creen que se puede criminalizar la protesta con este tipo de leyes. Bajo este panorama, ¿cómo ven su regreso a Nicaragua?

Pues lo vemos como una amenaza a nuestras propias libertades y a nuestros propios derechos porque ya hemos sido víctimas de una campaña de criminalización por diferentes medios de comunicación afines al Gobierno y que se nos ha imputado delitos de ser unas terroristas, de pertenecer a grupos delincuenciales.

Como sabemos que en Nicaragua se mueve a niveles discrecionales y antojadizos para castigar la disidencia, nosotras estamos conscientes de poder ser retenidas o que se nos vaya a imputar un delito como tal. Por la situación que hay en Nicaragua creemos que somos un blanco fácil.

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