La vida en medio de tanta masacre!

Ana Damaris Mojica pensó que todo acabaría mal. Pero ahora su bebé tiene un día de nacida. No sabe que el país está en una profunda crisis y en medio de violentos enfrentamientos, pero ya ha vivido lo peor de ello. La pequeña, que aún no tiene nombre, nació entre morterazos y balas, en un pequeño puesto médico ubicado en el tranque del Colegio San José, en la entrada de Jinotepe. 

La madre jamás pensó que la primera fotografía que le tomarían a su hija se compartiría por todo el país. En la imagen apenas se ve el rostro de la pequeña, abrigada por una cobija azul, resguardada por unas manos desconocidas con guantes y con unas pulseras azul y blanco. 

La imagen es de mala calidad. Fue tomada rápidamente con el teléfono de uno de los jóvenes que la atendieron, cuando en la ciudad no dejaban de escucharse gritos y detonaciones. Pero ahora para la madre de 29 años es una imagen especial. 

La travesía entre tranques

Ana Damaris se levantó de la cama sin hacer mucho ruido, recogió su pelo con las manos y le habló a su marido. Estaba oscuro y faltaban poco menos de dos horas para que el país iniciara un paro nacional de 24 horas. Ella asegura que pensaba que los dolores se calmarían, pero cada vez se fueron haciendo más intensos. 

“Mi parto estaba previsto para dentro de una semana, pero el dolor se hizo más insoportable y decidimos salir para Jinotepe casi corriendo”, explica. 

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Salió, junto a su esposo, a eso de las 10:30 de la noche de su casa, ubicada en el sector conocido popularmente como Míster Bond en San Marcos, a unos tres kilómetros del tranque de Las Esquinas. 

Uno de sus primos cuenta que primero pensaron llevarla a Managua, pero ella les insistía que no iba a aguantar. Decidieron llevarla a Jinotepe, pero sabían que el viaje sería difícil porque en todo Carazo hay varios tranques que impiden el acceso entre las ciudades. 

No les creían

Desde las seis de la tarde, del pasado miércoles, Jinotepe estaba en una guerra campal. En varios barrios de la ciudad se reportaban enfrentamientos entre jóvenes, que exigen la renuncia de Daniel Ortega de la presidencia de Nicaragua, y grupos paramilitares que los atacan con el apoyo de fuerzas policiales. 

Cuando Ana Damaris y su esposo, Carlos Gutiérrez, llegaron a uno de los tranques de las entradas de Jinotepe, los jóvenes que lo resguardaban no les creyeron que iban al hospital. Tras convencerlos, decidieron apoyarla trasladándola al Benemérito Cuerpo de Bomberos de Jinotepe. Pero irían caminando. 

“En lo que caminaba, cada vez más rápido, el dolor aumentaba haciéndose cada vez más insoportable y pensé que iba a parir en la calle”, confiesa. 

Pocos minutos antes de las doce de la noche del pasado miércoles, un grupo de jóvenes manifestantes llegaron caminando junto a la mujer embarazada al tranque, donde hay al menos dos médicos y cuatro enfermeras que atienden a los jóvenes heridos. 

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La vida se abrió paso en el tranque

La joven madre cuenta que sintió miedo que una bala la alcanzara cuando era traslada por los jóvenes al tranque. En la ciudad no se escuchaba otra cosa que morterazos y disparos. Pero respiró y confió en que todo saldría bien, porque no había otra alternativa. 

Bocinas de furgones que se encuentran varados por el tranque, bombas, cazuelas y pitoretas sonaban mientras ella pujaba. Después de la medianoche, miles de caraceños en todo el departamento salieron a las calles a iniciar el paro nacional. Ana Damaris, dice ahora, que quizás fue el anuncio de la llegada de su hija al mundo. 

Sobre unos escritorios y un pequeño colchón la mujer parió a su hija. Escuchó el llanto y respiró. Minutos después le dijeron que debían ser trasladadas de emergencia al Hospital Regional Santiago porque durante el parto había sufrido una hemorragia. 

En una camilla, con su bebe cargada por un joven que la cubría con una bandera azul y blanco, salieron por las calles de Jinotepe rumbo al centro hospitalario. De nuevo el temor se volvió a apoderar de su débil cuerpo. Las balas volvieron a ser su temor durante las once cuadras que duró el trayecto. 

Pero el silencio reinó en la ciudad. “Por algo Dios me puso todos estos jóvenes en el camino para que me ayudaran a que mi hija naciera allí, cuando íbamos al hospital el enfrentamiento se detuvo y hubo una total calma”, cuenta. “Mi hija es como un ángel en medio de todo esto”, agrega.

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No sabe cómo llamarla

Los padres de la pequeña habían decidido llamarla Mirelys, pero ahora están pensando cambiarle el nombre. Dicen que podría llamarse Victoria Abril o Libertad, como le sugirieron varios de los jóvenes manifestantes que los apoyaron. 

“Aun lo estamos pensando, pero cuando lo decida, se los haré saber”, dice Ana Damaris. 

Según datos de Unicef, cada año nacen 16 millones de niños cuya vida corre peligro desde el minuto uno al estar rodeados de violencia. La pequeña bebé, aún sin nombre, es una de ellos. 

“Esperamos que crezca en un país en paz”, expresa su mamá. 

Confidencial Nicaragua

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