Tres escenarios posibles en la crisis política de Nicaragua

Salvar el suspendido diálogo entre Gobierno y la oposición aparece como la opción inmediata en Nicaragua para evitar una espiral de violencia que profundice la crisis política y económica, según analistas y actores políticos.

La Conferencia Episcopal, que había dado un plazo de un mes para lograr resultados cuando aceptó mediar y convocó las pláticas, suspendió la semana pasada en su cuarta sesión.

Sin embargo, el Gobierno y la oposición no dan por terminado el diálogo ni quieren ser responsables de su fracaso.

Los obispos llamaron a una comisión mixta de seis miembros, tres por cada parte, para destrabar las pláticas, y cuya agenda —que el Gobierno rechaza— pide la renuncia inmediata del presidente Daniel Ortega y la democratización del país.

Los siguientes son tres escenarios por los que podría transitar la crisis nicaragüense:

Reanudación del diálogo

Es probable que los obispos logren que el Gobierno y la oposición regresen a la mesa de diálogo, aunque las conversaciones podrían prolongarse sin lograr acuerdos importantes en lo que refiere a la democratización del país.

“El pueblo tiene mucha esperanza y confianza de que el diálogo nacional puede ser una salida cívica y pacífica (…). Todavía no ha fracasado, lo que se suspendió fue la mesa plenaria”, dijo a la AFP el académico Carlos Tünnerman, representante de la sociedad civil en las pláticas.

La primera dama y vicepresidenta Rosario Murillo dijo que la crisis que vive el país “es una situación extrema y que todos sabemos que tiene propósitos claros”, en alusión al reclamo de la salida del Gobierno, por lo que pidió “comprensión (…) con planteamientos sensatos de todos los sectores” en el diálogo.

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Las familias demandan a Ortega su salida del poder. AFP

 

Si el Gobierno mantiene su postura de no ceder en la democratización, “estamos corriendo el riesgo de una guerra civil. No estamos apostando a eso, pero sería irresponsable decir que no lo estamos viendo”, advirtió por su parte el exdiputado Eliseo Núñez, del Partido Liberal Independiente (PLI).

Resistencia ciudadana

Podría ocurrir que, en paralelo al diálogo, se intensifiquen las protestas como presión para que Ortega acceda a salir del poder en el menor tiempo.

“El verdadero diálogo está en las calles (…). Ortega no quiere hablar de democratizar porque no ha pensado irse, no queda más camino que elevar la protesta”, dijo la dirigente del Frente Amplio por la Democracia (FAD), Violeta Granera.

Otra variable que estudia la oposición para presionar a Ortega es convencer al sector privado, otrora aliado del Gobierno, para convocar a un paro nacional, según Granera.

“El pueblo tiene mucha esperanza y confianza de que el diálogo nacional puede ser una salida cívica y pacífica (…). Todavía no ha fracasado, lo que se suspendió fue la mesa plenaria”. Carlos Tünnerman, representante de la sociedad civil

Pero mientras los estudiantes y la oposición política quieren un cambio inmediato en el poder, los empresarios propugnan una salida gradual de Ortega y se resisten a convocar a un paro nacional.

El movimiento campesino que realiza el cierre de vías en varios puntos del país anunció que no suspenderá esta forma de lucha, como exige el Gobierno, porque es un mecanismo “no violento y efectivo de resistencia”.

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Neutralizar las protestas

El Gobierno podría decidir reprimir hasta acabar con las protestas restableciendo las condiciones previas al inicio de las manifestaciones y arriesgando una condena internacional y eventuales sanciones.

De hecho, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), un ente de la OEA, realizó una misión que culminó la semana pasada, tras la cual destacó que hay “una situación compleja” con “un padrón de violencia y represión” en “un ambiente de intimidación, de amenazas”, en tanto exigió al gobierno de Ortega garantizar la “integridad” de 13 líderes estudiantiles a quienes consideró “en riesgo”.

Por su lado, Estados Unidos atribuyó la violencia en el país a “matones controlados por el Gobierno” y exhortó a “crear las condiciones propicias para un diálogo creíble e inclusivo”, así como a acatar las conclusiones de la CIDH “para asegurar que se rindan cuentas y se haga justicia”.

No obstante, la situación “está en un punto que, aunque Ortega tuviese la capacidad para acabar con las protestas, ya es incapaz de mantener la paz social en el país”, estimó el exdiputado Núñez.

“No hay vuelta atrás” en esta crisis, porque si Ortega logra revertir la situación a su favor “nos esperan más crímenes y una política de terror selectiva” contra opositores, dijo a la AFP el general en retiro Hugo Torres.

Diario Metro

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