PDH: Atención “deshumana” reciben pacientes del IGSS

Se llamaba Ricardo Tepaz y tenía 42 años. Originario de Retalhuleu y con una grave deficiencia renal, su cuadro clínico empeoró a principios de julio.

Con su hermana buscó apoyo clínico en el hospital de Mazatenango y de allí fue referido al Hospital General de Enfermedades, ubicado en la zona 9 capitalina. Requería de urgencia tratamiento de hemodiálisis, pero a su llegada a la capital, en la Emergencia lo atendieron con completa indiferencia.

Durante 12 horas estuvo sentado en una banca, mientras su hermana desesperada trataba de ganar la compasión de cuanta enfermera o médico caminaba por ese pasillo. No lo consiguió. Pasaban las horas y Tepaz empeoraba cuando le informaron que no lo atenderían.

Regresaron a Mazatenango y otra vez fueron al hospital departamental, donde le brindaron el tratamiento de hemodiálisis. Tres veces más el paciente sufrió la misma experiencia. La última vez, cuando en la Emergencia del Hospital General de Enfermedades había esperado cinco horas llamó a los bomberos para que lo regresarán a su casa.

Murió hace 15 días por el deterioro causado por los viajes.

“Este caso me marcó”, dice Zulma Calderón, responsable de la Defensoría de la Salud de la oficina del Procurador de los Derechos Humanos (PDH). “La hermana hizo la denuncia y la investigamos y documentamos”, señala Calderón.

Las distintas unidades del Seguro Social ofrecen la peor atención a los pacientes, subraya Calderón. “Es deshumana, una persona espera en la Emergencia hasta tres horas para ser atendida, los más graves pueden empeorar y hasta morir”, indica.

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A la fecha, la oficina del PDH no ha documentado ninguna muerte por esta causa.

IGSS de la zona 9. Es la sala de encamamiento del área para hombres.

En la banca

La Emergencia del Hospital General de Enfermedades ha atendido a la fecha 18 mil casos al mes, cuando en promedio no superaban los 13 mil. Cuenta con 677 camas para adultos y niños y otras 80 arrendadas al Centro Médico Militar, las cuales siempre están llenas.

“Hay lo que se llama el servicio de banca”, cuenta Gladys Torres, quien acompañó ayer a su mamá diabética. “Cuando no hay otro sitio, los tratamientos se hacen en las bancas, allí llegan los doctores (un interno) y enfermeras”, relata.

En la madrugada, las mujeres y los ancianos reciben una colchoneta para que descansen, los hombres la pasan de pie o hacinados uno contra otro.

El tiempo de espera en la Emergencia de ese hospital es en promedio cuatro horas, pero si el paciente requiere una hematología, tarda otras cuatro, menciona Carlos Torres.

Si tiene dengue o chikungunya la situación es más difícil. Debe esperar hasta obtener los resultados y regresar a la unidad médica que le corresponde de acuerdo con su domicilio, para que desde allí le extiendan la suspensión médica.

Pero, la mala atención del personal no es lo único que sufren los pacientes, el desabastecimiento de medicamentos de los últimos tres meses los obligó a acudir a las farmacias casi a diario para surtir las recetas. Ahora, que el problema comienza a resolverse, las personas se concentran por cientos para obtener los medicamentos.

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En el Centro de Atención Médica Integral para Pensionados (CAMIP), ayer las filas de personas de la tercera edad superaban las 300.

Sentados en las pocas bancas que ofrece ese centro, cercanas a la farmacia, o en las banquetas, familiares de los pensionados esperaron por casi nueve horas a que estos concluyeran el trámite.

Ayer las filas de personas de la tercera edad superaban las 300, en el CAMIP.

“Como las recetas son viejas hay que ir con el médico a que las revaliden y luego hacer la cola para que la despachen y eso tarda”, cuenta Óscar López quien acompañó a su madre desde Cobán, Alta Verapaz, a recoger sus medicinas para el corazón.

En la Unidad de Consulta Externa de Especialidades Médico-Quirúrgicas, Sandra Miranda, Rolando Ovalle y Francisca Nájera se quedaron una vez más sin medicamentos.

Los pacientes que sufren de la tiroides, del corazón y los huesos deben regresar en una semana a preguntar si pueden despacharles sus recetas. “Tengo que llamar para ver si ya hay medicinas, pero cuando uno llama nunca contestan, debe venir uno en persona”, lamenta Ovalle quien para caminar utiliza muletas.

Calderón considera que el problema de falta de medicamentos debe resolverse en las semanas siguientes luego que la PDH, el IGSS y la Contraloría General de Cuentas abrieron un espacio en busca de resolver la crisis. “La Contraloría dio lineamientos para hacer compras directas sin abusos y eso ayudó a abastecer las bodegas”, indica.

Sin embargo, un médico opina que mientras exista la prohibición de adquirir medicinas básicas fuera del Contrato Abierto esta situación no mejorará. “Si al proveedor no le pagan o se le termina el producto no despacha y los hospitales nos quedamos sin nada”, advierte.

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