Crisis del agua aunque llueva

Antes de que vuelva a abrir un grifo, lea esto: el 15 por ciento del territorio nicaragüense —unos 20,000 kilómetros— está cubierto por agua, pero mucha de ella no se puede beber.Una parte se ha contaminado tras décadas de encauzar hacia los ríos y lagos las aguas servidas de las casas, los desechos químicos y desperdicios de la industria, cultivos, minería y la ganadería extensiva que desde hace siglos se practica en el Caribe, norte y centro del país. Y otra parte de las aguas se ha secado.

Como prueba cotidiana y palpable de la contaminación para los managuas están el lago Xolotlán y la laguna de Tiscapa, que desde los años veinte del siglo pasado (el primero) y desde la década del ochenta del siglo pasado (el segundo) reciben contaminación. Ninguno es hoy apto ni para darse un chapuzón.En cuanto a la sequía, este verano ha sido latente la evaporación de muchas fuentes de agua en las que la población se bañaba, lavaba o simplemente bebía. Es amplia la lista de ríos y lagunas que a lo ancho y largo de la geografía nacional han sufrido el proceso de desecamiento a consecuencia del fenómeno de El Niño.Entre ellos están el charco de Tisma, en Masaya; la laguna de Moyuá, sobre la Carretera Panamericana; el artificial lago de Apanás, en Jinotega; los ríos San Juan, en el departamento de Río San Juan y el Fonseca, en Boaco.El mismo gran lago Cocibolca se retiró tanto de sus márgenes que en marzo se dificultó la navegación hacia la isla de Ometepe, en Rivas.De modo que ese “país azul”, de lagunas y ríos, que se ha construido copiosamente en el imaginario nacional, está cada vez más amenazado por el cambio climático, advierten informes recientes sobre el deterioro ambiental.

“El lago Cocibolca en el primer trimestre del año ha presentado una reducción de aproximadamente un dos por ciento en su nivel, en comparación con su promedio histórico… Mientras tanto, el lago Xolotlán ha sufrido una reducción de aproximadamente el 4 por ciento en su nivel”, arroja el informe Crisis socio ambiental de Nicaragua post sequía 2016, que presentó la organización ambientalista Centro Humboldt.

SEQUÍA PROLONGADA

Informes y expertos sostienen que la sequía ha sido una constante en la última década.“Once de los últimos 15 años hemos estado bajo condiciones de déficit de lluvias y estrés hídrico por calor. Los tres últimos años Nicaragua ha estado bajo la influencia del fenómeno de El Niño. En el 2015, su intensidad ha sobrepasado los índices del episodio de referencia presentado en 1997-1998. En este contexto, las últimas tres temporadas de lluvias estuvieron marcadas por déficit de precipitación. La situación podrá irse agudizando cada vez que aparezca el fenómeno El Niño (cada vez más intenso y más frecuente), ya que da un impulso a las conocidas consecuencias del calentamiento global”, agrega el informe de Humboldt al tiempo que anota que las zonas más golpeadas han sido el norte, centro y pacífico-occidente del país.

Vamos a seguir teniendo problemas severos mientras no se entre profundamente al trabajo de administración de las cuencas hídricas con visión de largo plazo. Aquí hace falta información de manera urgente”.
Salvador Montenegro, experto en recursos hídricos.

Salvador Montenegro, experto en recursos hídricos, compara la realidad del agua potable a la de una cuenta bancaria. “Igual que una cuenta bancaria, aquí los retiros son demasiado frecuentes y voluminosos. Se nos ha olvidado depositar”, dice Montenegro y explica que en términos del agua ese saldo rojo se traduce en una disminución no solo de las fuentes superficiales (ríos, lagunas, lagos, quebradas) sino también en las fuentes de agua subterráneas de las que en realidad bebe gran parte de la población, sobre todo en las grandes ciudades.Solo en Managua, que cuenta con una población de 1.3 millones de habitantes, el 70 por ciento bebe de fuentes subterráneas. Pero que Managua bebe de Asososca —esa laguna que se mira desde el parque Las Piedrecitas en una de las salidas de la capital—, es un mito.Según Ruth Selma Herrera, expresidenta ejecutiva de Enacal (Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados) e investigadora de la situación del agua, apenas un diez por ciento de los managuas toma agua de Asososca.

Ahorita en las zonas rurales se está sufriendo muchísimo por la falta de agua, porque muchos sistemas que te daban agua diario ahora te dan solo una vez a la semana porque las fuentes o tienen muy poquito o han desaparecido”.
Ruth Selma Herrera, investigadora del tema del agua.

Grandes ciudades como Managua, León, Chinandega, beben de aguas subterráneas, según Herrera. Ha sido así tal vez en los últimos setenta años, estima la investigadora. Ese consumo subterráneo ayuda a explicar, según Herrera, el porqué la sequía de tantas fuentes superficiales no ha impactado las principales urbes.Managua, Jinotega, Matagalpa, León, Chinandega, Masaya, Estelí, Ciudad Sandino, Granada, Tipitapa, Jinotepe, Juigalpa, Chichigalpa, son ciudades que “están asentadas en acuíferos de muy buen potencial”, dijo a mediados de febrero Ervin Barreda, presidente ejecutivo de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal), en el portal noticioso oficialista El 19 Digital a mediados de febrero.Pero, ¿cuál es el nivel de las reservas de aguas subterráneas? Es un dato que se desconoce.

A CUENTAGOTAS

Se sabe dónde hay sed. En los últimos meses, en muchas ciudades y pueblos los grifos son adornos, testigos mudos de un tiempo que parece lejano. Mientras que los baldes, pichingas y barriles se volvieron objetos de uso imprescindible en cientos de hogares.En Acoyapa, Chontales, en el corazón de la ganadería del país y una de las zonas más despaladas, hace más de tres meses que no sale agua de las llaves.Lea también: Los otros “gorgojos” del pinoSus pobladores llevan a lavar ropa a comunidades y pueblos aledaños. El problema es histórico en ese poblado, advierten los expertos. Este municipio chontaleño figura en la lista de “acuíferos de alta vulnerabilidad”, según Enacal.En muchos pueblos la gente se ha resignado al racionamiento. A que el líquido llegue por asalto, a cualquier hora del día o la noche. En muchos barrios capitalinos la población se ha habituado a madrugar para recoger agua.
En municipios como El Crucero surgen conflictos entre los pobladores y las “cisternas” que pasan distribuyendo el agua.“Tenemos agua normal, cada dos días”, comenta Javier Latino, propietario de un vivero de Catarina.El impacto de la sequía ha sido mayor en lugares que han dependido de fuentes superficiales como Camoapa, Ocotal —que ha dependido del río Dipilto—, La Dalia, San Nicolás, entre otros.El presidente de Enacal explicó que desde el 2014 se instaló una red de monitoreo que incluyó fuentes de agua superficiales y subterráneas, y este arrojó que al menos el 86 por ciento de la población, cerca de 526,513 familias en 67 localidades, estaban ubicadas en un manto acuífero de “buen potencial”.“En este grupo tenemos todas las ciudades más pobladas de Nicaragua”, anotó Rosario Murillo, primera dama y vocera gubernamental en una nota divulgada por El 19 Digital.Mientras que un nivel medio y de alta vulnerabilidad se ubicaron a poco más de 100,000 familias. Murillo detalló que 58,960 familias estaban dentro de un nivel medio y 51,527 familias tenía un nivel de alta vulnerabilidad.

330 pozos y 26 ríos componen la red de fuentes de aguas superficiales y subterráneas que el Gobierno monitorea. Los municipios de alta vulnerabilidad son Boaco, Ocotal, Nueva Guinea, Santo Tomás, El Crucero, Bluefields, Acoyapa, Somotillo, Teustepe, San Pedro de Lóvago, Potosí, Belén y Achuapa.

“En estos lugares donde tenemos afectación hay atención directa a los barrios afectados, se les comunica la situación, se abastece temporalmente con cisterna, hay agilización también de la ejecución de proyectos en sectores críticos”, anotó Murillo.

RÍOS Y LAGOS SUBTERRÁNEOS

Han caído tres o cuatro aguaceros en las últimas dos semanas, pero eso no es suficiente para recargar los acuíferos superficiales, menos aún los subterráneos. El agua en los pozos sigue profunda. Aún no ha subido el nivel.Herrera calcula que se requieren por lo menos dos años para que se recarguen los acuíferos subterráneos si se dan las condiciones favorables.Y las condiciones necesarias. Tanto Herrera como Montenegro se refieren a factores claves como la reforestación en zonas donde ocurre el proceso de infiltración del agua de lluvia hacia el manto subterráneo.Montenegro explica que debajo de la laguna de Masaya se mueve una sombra de agua. Desde Masatepe “hay un manto acuífero que se desplaza hacia la laguna de Masaya. Su suelo es de naturaleza volcánica”, dice Montenegro y explica de forma sencilla cómo sucede la recarga hídrica.“Si no hay lluvia el bosque funciona como un enorme condensador, porque la humedad de la atmósfera, no necesita siquiera llover se posa sobre la superficie de las hojas y desde allí gotea. Esto ha sido la realidad en los bosques, en las zonas altas y no tan altas. Con solo recordar cómo se comportaba en las partes altas de la Meseta de los Pueblos, allí la neblina, lo que hacía era convertirse en agua, a través del contacto físico. Esas gotitas a cámara lenta muy despacio se infiltran en el suelo y así es que se alimentan las capas subterráneas. Ese es el proceso de recarga hídrica. Muy simple, muy elemental del cual parece que nos olvidamos. Igual que en una cuenta bancaria, se nos olvidó depositar, por eso los depósitos hídricos han venido disminuyendo de una manera alarmante… el efecto inmediato es que los pozos se quedan sin agua”, anota Montenegro.

CARGANDO AGUA EN BALDES

Las imágenes de Somotillo y Villanueva, en Chinandega, son recurrentes: gente acarreando agua en baldes y pichingas, o excavando pocitos en los ríos para conseguir el agua. Ya ha empezado a llover, pero todavía existe sed. A pesar de que ha llovido en los últimos días, los problemas de agua persisten en las comunidades de los municipios de Somotillo y Villanueva, en Chinandega, cuyos habitantes fueron fuertemente golpeados por la falta de agua en los últimos cinco meses.En las comunidades Villa Minesota, San Francisco de Asís y Las Mesas, a los pobladores el agua todavía les está llegando cada tres días y solamente los abastecen tres días.Lea también: Reserva sin árboles y sin aguaLa tesorera del Comité de Agua Potable (CAP) de esas comunidades, Mariana Medina, explicó que el único pozo existente bajó su nivel hasta tres metros y medio, y no ha subido a pesar de las primeras gotas de agua que han caído en los últimos días.En el verano que está terminando, al igual que en todas las comunidades de Somotillo y Villanueva, en Villa Minesota la población ha estado careciendo de agua, tanto que se alegran con que les llegue “cada tres o cuatro días”.Los ríos que corren por la zona, el Negro y el Hato Grande, a finales del pasado mes de marzo solamente eran “un hilo de agua”, mientras camiones cargados de arena salían de las “playas” que formaban lo seco de los ríos. El 29 de marzo pasado se encontraba Carlos Blanco, de 37 años de edad, con toda su familia en el río Negro, cavando hoyos para sacar algo de agua y transportarla en baldes y pichingas hacia su casa, en la comunidad de San Antonio, Somotillo. “Aquí hay muchos despales. Este río depende de Honduras, pero pasa por Nueva Segovia y allí están despalando”, dice Blanco.El encargado de repartir el agua en San Antonio, Rafael Mendoza, miembro de los Gabinetes de la Familia, dijo que el último invierno no fue bueno en la zona y por lo tanto los ríos se secaron en este verano.“Nunca habíamos tenido problema, este sistema tiene 14 años y hasta hace dos años tenemos problema. El agua se ha profundizado porque no llueve”, dijo Mendoza, quien indicó que cada cuatro días le llega el agua a la población, a las cuatro de la madrugada, por dos horas.

En San Francisco del Norte, también llamado San Francisco de Cuajiniquilapa, fronterizo con Honduras, las autoridades también comenzaron a racionar el agua este año, porque se secaron los tres pozos que hay en el municipio. Un trabajador de la Alcaldía explicó que a uno de los pozos, de 200 pies de profundidad, le excavarían 100 pies más para ver si pueden obtener más agua. La gente paga alrededor de 120 córdobas mensuales por recibir agua, pero como el servicio es malo no quieren pagar.En la comunidad de Palo Grande, en Somotillo, se recogen mensualmente 40,000 córdobas en pago de los pobladores por el servicio de agua, pero solo en energía para bombear el agua se pagan 30,000 córdobas mensuales, indicó uno de los encargados del pozo. Y como el servicio es malo, la gente no quiere pagar.

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