Tradición de los pesebres se mantiene “viva” en Tegucigalpa

Desde la víspera de la Navidad y hasta el Día de Reyes, los nacimientos adornan numerosos hogares, iglesias y centros comerciales, atrayendo a cientos de capitalinos.

Incluso, en los hospitales públicos, los pesebres embellecen algunos rincones, dejando en evidencia que esta vieja costumbre sigue viva.

Los nacimientos son una representación del nacimiento de Jesús, suelen exhibirse en lugares públicos y privados, durante todo el mes de diciembre y forman parte de la herencia navideña, propia de la religión católica.

DE PADRES A HIJOS

La psicóloga Carlota de Valladares (65) es una de las que coloca un nacimiento en su casa, ubicada en el Barrio Buena Vista, en la subida a Buenos Aires, frente a Cáritas de Honduras.

Desde el inicio del año, la profesional comienza a recolectar los adornos para armar el “belén”, tradición que le inculcaron sus padres, a quienes recuerda con mucho cariño, pues fallecieron hace unos años.

“Desde hace más de 30 años he armado la representación de Jesús en mi hogar, pues mi satisfacción es tal que me levanto temprano y me acuesto tarde trabajando en la obra; esa es una herencia invaluable que me han dejado mis padres que no puedo dejar”, cuenta doña Carlota, con nostalgia.

Al entrar a la casa de la psicóloga se siente un agradable olor a musgo y se escuchan canciones navideñas. Las luces de colores adornan la casa entera, poniéndole un toque de alegría. Doña Carlota ha puesto mucho empeño para impregnar su casa con el ambiente alusivo a esta época tan bonita del año.

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Las personas que entran a su vivienda dicen sentir “algo” sumamente espiritual, lo cual no se aleja de la realidad, porque la palabra de Dios es lo primero que se lee en su familia.

La artista explica que la finalidad de su nacimiento no solo es de observar, “también es escuchar”, porque todos los años prepara un mensaje para el Niño Dios “y aprovecho a leerles a los visitantes los pasajes espirituales que les ayuden a reflexionar sobre sus vidas”.

El principal objetivo del pesebre es representar el nacimiento del niño Dios.

“Siempre busco situaciones que nos hagan profundizar sobre algún tema, y a mediados de agosto ya sé mas o menos lo que quiero para el nacimiento”, dice la entrevistada.

“Invito a todos a ser mejores cristianos, a buscar del Creador y darles mensajes para reflexionar en sus vidas, pues solo así podremos bajar el índice de crímenes en el país”.

HERENCIA VALIOSA

Otra capitalina que conserva la tradición de elaborar pesebres es doña Ibis Hernández (65), que vive en residencial Las Uvas. Ella también ha decidido mantener viva la hermosa costumbre, encargándose de todos los preparativos desde hace más de dos meses.

Doña Ibis cuida cada detalle y rincón de la obra, para que tenga un valor especial, sin que se le escape ningún detalle o algo representativo de los capítulos de la vida del Niño Jesús.

La jovial señora detalla que “sola hago mi nacimiento y les he enseñado a mis hijos a que elaboren el hermoso trabajo, porque es para Dios, pues espero que ellos también sigan este bello ejemplo”.

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Igual que doña Ibis, los esposos José Antonio Bercián (77) y Norma de Bercián dedican varios meses a la elaboración de su nacimiento, en la colonia 15 de Septiembre.

Don José expresa que desde el pasado mes de agosto comenzó a montar una tarima para la elaboración del pesebre.

En su original obra se puede observar el monumento a la Paz, la Basílica de Suyapa, las Ruinas de Copán, el Cristo de El Picacho, entre otros paisajes turísticos de Honduras.

La señora Ibis Hernández (65) elabora un nacimiento en su casa de habitación y dice que esta valiosa tradición la está heredando a sus hijos.

Por las noches, las familias que viven en la zona se reúnen para hacer posadas y visitar las casas en donde hay nacimientos.

La Navidad es una celebración en la que sale a relucir la cultura hondureña, pues las familias se reúnen para compartir platillos típicos como nacatamales, pierna de cerdo horneada, pollos rellenos, torrejas, entre otros bocadillos.

La Navidad en Honduras representa ilusión y “magia” para los más pequeños, y esperanza y fe para los mayores, quienes olvidan sus penas por unos días y disfrutan de las tradiciones “catrachas” propias de la época. (DL)

 

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